viernes, 2 de diciembre de 2011
Autobús 8
Una rápida ilusión lleva consigo una fugaz desilusión. Y es que pensaba que esta vez sería distinto, que esta vez se fijaría en mí de verdad, que tanta sonrisa, y amabilidad, y las miradas, y el pedirme el número... todo eso pensé que significaban algo... y vi torres donde sólo había granitos de arena, y me creí princesa cuando sólo soy una insignificante plebeya más. Y caí. Desde lo más alto, desde donde más duele. Y la culpa es sólo mía, que siempre me pasa igual y no aprendo. Aunque hay algo que esta vez no haré, y será ser su perrito faldero. No. Eso es algo que eliminé de mí. Yo ya he tirado la pelota y ésta se encuentra en su tejado. Ahora le toca mover ficha a él o dar el juego por terminado.
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