Lentos, suaves, delicados, sintiendo cada milímetro de su piel, y al mismo tiempo apasionados, vibrantes, fuertes, como si echáramos un pulso, como si bailáramos un tango con nuestros labios, ardientes, lujuriosos, llenos de deseo, juguetones, únicos, irrepetibles, inolvidables, de esos que se para el tiempo, que te hacen perder la consciencia y no sabes dónde estás ni qué hora es y, si me apuras, se te olvida hasta tu nombre; de esos que cuando los recuerdas automática e inconscientemente acaricias con tus dedos tus labios añorando ese momento... y sonríes. Tienen que ser dulces, sin prisa, sin pausa, que te hagan estremecer, de esos que te hacen sentir esas mariposas en el estómago. Inocentes pero pícaros, atrevidos, robados, imprevistos, que te dejen sin aliento, que te hagan enloquecer. Que sean de los que te callan, de los que te hacen sonreír, de los que te hacen parecer la protagonista de la historia más romántica jamás contada, pero también la de la historia más salvaje, sensual y apasionada jamás vivida. Tienen que ser prohibidos, tentadores. De esos que no vuelven, porque son tan mágicos que no tienen comparación, no hay dos iguales.
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Un beso es simplemente una muestra de amor, se puede hacer con más cariño o no, ahí reside la variable; porque también es extensible a otras muchas manifestaciones de amor como un abrazo,una caricia o más aún, el coito. Según con el cariño que lo sientas será más o menos inolvidable.
ResponderEliminarLeyendo esto creo que está claro que el gradiente de romanticismo no tiene un punto medio actualmente, hay gente que siente el amor y otros que solo lo disfrutan.