Rabia. Ira. Odio. Despecho. Asco. Enfado. ¡Maldición!
Y finges. Finges que te importa. Finges que te alegras. Finges que no te molesta. Finges que eres fuerte. Finges que puedes con todo. Finges que no te afecta en absoluto.
Y mientes. Mientes por un momento. Mientes en un par de frases. Mientes con tu sonrisa. Mientes con tu mirada. Mientes por orgullo. Mientes como un bellaco. Mientes en su cara.
Y recapacitas. Porque él no es nada tuyo. Porque sólo fue un momento. Porque ante todo eres su colega. Porque eres madura. Porque si él es feliz así, ¿quién eres tú para impedírselo? Porque no es el único. Porque tu actitud ya cambió. Porque ahora piensas sólo en ti. Porque la vida es demasiado corta para perderse los buenos momentos y centrarse sólo en los malos.
Y pasas. Pasas de él. Pasas del otro. Y del otro. Pasas de este. Y de aquel. Pasas de ese bombón. Y de ese que te pone a mil. Pasas de todos, menos de la persona más importante: TÚ.
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