jueves, 24 de noviembre de 2011

Autobús 5

Corro. Sí, como de costumbre. Creo que paso por delante de él corriendo. Vaya, hoy voy bien de tiempo... Llego y el bus no está abierto. Pasa él por delante. Abre la puerta. La gente sube y ni le miran. Pero, ¿cómo pueden no mirar? Una mujer delante mía para pagar... y me ve. No deja de mirarme, le sonrío, monto, pico mi billete pero aunque mi cerebro da la orden de saludar, de mi boca no sale nada más que una leve sonrisa. Mi vergüenza me ha dejado muda. Llevo toda la semana mirándole y sonriendo... ¡Si es que es guapo! Y me mira, y sonríe levemente, casi sin notarse. Tercera fila al lado del pasillo. Quería ponerme en la primera, incluso hablar con él, pero está ocupada, y casi que mejor... No he sido capaz de decir "Hola" como para ponerme a hablar con él... Una señora se sienta delante mía. Su cardado abulta más que su cabeza y no exagero. Tiene pelo Altamira, lleno de "cuevas". Descaradamente me muevo al lado de la ventanilla. Mira, y me ve. Sí, he sido descarada. No sé si sonríe porque sus gestos son leves. Pero mira. Arranca. La señora se da cuenta que ahí dará el sol, y se cambia a los asientos de al lado donde da la sombra. Pues yo de aquí ya no me muevo. Suena la música. Me pongo mis gafas de sol y miro. Y no dejo de mirar, que es gratis. Él mira de vez en cuando. Y pienso, ¿será tan majo como parece? ¿O será otro gilipollas más? Tengo miedo... ¿Y si resulta que luego tiene novia o es un picaflores? Mira que yo con los chicos no tengo muy buena puntería que digamos... Ojalá todo lo que tenga de guapo, lo tenga de simpático y buena persona... Llego a mi parada, y de nuevo, al bajar, miro hacia atrás, y me está mirando, y sonriendo, de oreja a oreja. Y pasa por mi lado y vuelvo a mirar, y sigue mirando y sonriendo. Y llego a casa con otra cara, sin sueño y con ganas de que sea lunes. ¡Qué pena no trabajar los viernes!

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