Tentación, como un dulce a la vista de una persona a régimen, como una copa al alcance de un reciente ex - alcohólico, como un juguete intocable en las manos de un chiquillo travieso.
Tentación a tus ojos azules, tentación a hablar contigo, tentación a tu olor. Tu olor, eso que despierta mis sentidos, que me bloquea la mente, que me despista y entretiene de mis quehaceres. Tu olor, lo que me dice que estás aquí, cerca; lo que hace que note tu presencia. Tu olor… tu presencia… ¡NO! ¡No puedo caer en la tentación! Odio esa vocecita que en mi interior me dice “en el fondo sí que quieres”. No puedo; no debo; no estaría bien. Pero entonces, ¿qué me pasa? ¿Por qué me sonrojo cuando un chico guapo me mira o cuando atraigo sin querer la atención de un misterioso pero atractivo desconocido? ¿Por qué ya no paso de todo eso? ¿Por qué me tiembla la voz si te digo “Hola” por educación? ¿Por qué no puedo ni mirarte a la cara? ¿Será que he caído en la rutina y necesito algo nuevo? ¿Será que ya no me siento especial? Sí, ODIO reconocerlo pero esto último es cierto. Ya no me siento especial. Por mucho que intente ponerme guapa para él da igual. Ya no me mira como antes. Nunca me echa un piropo, aunque lo piense (si es que alguna vez lo piensa), y si le digo con toda mi ilusión “¿Qué tal voy?” esperando que me diga algo agradable porque me siento guapa y pretendo demostrárselo, lo máximo que consigo es un “Hmmm” tan indiferente tirando a negativo, con esa cara de “Realmente no te noto más guapa ni nada distinto”, que se me borra la sonrisa de la cara y del alma.
viernes, 29 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario