viernes, 29 de julio de 2011

Mi pecado - 29.07.2009

Siete pecados, siete sufrimientos, como siete vidas tiene un gato. Siete son y los siete cumplo. Sin remordimientos, sin miedo y sin arrepentimientos. Pereza, ira, lujuria, envidia, gula, soberbia y avaricia. Siete pecados con sus siete demonios. Y sigo aquí, encerrada en el séptimo que me faltaba por cumplir, haciéndome amiga de Satanás.

Todo empezó con la pereza porque yo ya había sufrido bastante y no quería más. Acababa de tropezar y estaba, justamente, como ahora, en un pecado capital. Y es que no hay peor furia que la de una mujer despechada. No quería volverme a pillar. Cerré mi corazón a todo el mundo y, al final, me daba pereza volver a empezar.

Hice buenas migas con Belfegor, pero un buen día apareciste tú, y contigo, la gula. Tu simpatía, tu naturalidad, alimentaban mi existencia. A cada momento me daba cuenta que ardía en deseos de tener noticias tuyas. Aquellas palabras eran las que me hacían sonreír. Y cada vez quería más y más y más, y Beelzebub gozaba viendo cómo esa gula crecía y crecía. Al poco tiempo, y cuando estaba a punto de reventar, Asmodeus cogido de la mano de la lujuria, invadió mi vida. Con él, vinieron Lucifer y Mammon, trayendo consigo la soberbia y la avaricia. Yo me sentía plena y quería más, y más, y más. Dejé aparcada a un lado la humildad. Por primera vez en mucho tiempo me sentía bien. Ya no tenía que robar besos bajo la luz tenue, ni que abrazar a escondidas. No me sentía el 2º plato de nadie y creí tener el mundo a mis pies. Cada día quería más y más. Más de ti, de nosotros, del momento.

Pero tú decidiste poner punto y final. Y pensando que fue por mi culpa, Leviatán aprovechó y me presentó a la envidia. Y estuvo conmigo un tiempo, haciendo que no dejara de pensar en ti y que odiara a las que estaban a tu lado, aunque en el fondo de mi corazón sabía que eso no debía ser así. Por último, y tras un período escondida para evitar seguir con esto, me encontré con la ira. Sabía que no debía ceder a sus encantos. Sabía que no era la mejor compañía, pero lo que siento ahora mismo es tan fuerte, que no pude evitar unirme a ella. Y es que, como pasó cuando te conocí, llegará el día en que encuentre a alguien especial y Satanás sea sólo un mal recuerdo. Mientras tanto, seguiremos siendo amigos intentando que tú caigas en el olvido.

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